Lo menos que puedo decir es que sí, tuve fallos, pero confié en mi fe.
Porque cuando me miro en el espejo, ni siquiera me reconozco, tengo el corazón de una ganadora.
No me arrepiento, y ya no tiene sentido llorar por el ayer.
No me arrepiento, porque todavía no hemos visto nuestros mejores días.
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