No esperes un blog de esos lleno de textos preciosos escritos por mí.

Esto es mi forma de desahogarme. Si te gusta, guay. Si no, ahí arriba hay una X roja bien bonita.

8 de noviembre de 2012

– ¿Me contestas ahora enserio?– Y yo suspiro. 
– No. 
– ¿No crees?– Y niego con la cabeza. No, no creo en el amor para siempre. Todo se acaba, lo malo y lo bueno. Todo.– Eres dura…
– …fría y borde… Me lo has dicho ya varias veces. 
– Bueno, es cierto… 
– …y me odias…– le interrumpo. 
– …mucho. Ahora…– pero se calla y suspira.
– Mucho…– Y me besa el cuello mientras me quita la goma el pelo haciendo que este caiga en una larga cascada sobre mi espalda, y entonces él me arropa más fuerte musita otro “mucho” que se pierde en el aire. 
– ¿Y por qué?– me pregunta, y yo pienso en eso, en el por qué, pero lo encuentro al momento.
– Porque no tengo ningún ejemplo de amor para siempre… “los finales felices son historias sin acabar”– cito y sonrío al hacerlo– De Angelina Jolie en… 
– Señor y señora Smith.– Y sonrío al ver que sabe de donde saco la frase. – Yo no sé si creo o no –confiesa– Nunca me lo he preguntado hasta hoy. 
– Yo… no sé si existe o no. Solo es intentarlo, ¿no? Pero lo que si creo es que no hay que estar atado a alguien por ello. Yo soy libre, y tú también, ¿no?– Y le noto reír cerca de mi cuello. 
– Claro que sí– y lo dice tan seguro que me hace sonreír– Yo… yo me agobio con los para siempre, con las llamadas obligadas, con los horarios… Supongo que es la libertad lo que lleva a una buena relación, el poder elegir estar con alguien al cien por cien porque quieras y no por el deber a la fidelidad.– Y yo me asusto ante lo muy de acuerdo que estoy con él.

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