– Lo ibas a decir– sentencio– y… no sé, cualquier día de estos me enamoro de ti, pero tranquilo, todavía no me caes tan mal como para hacerte esa putada… Aparte, lo ibas a decir.
– No he dicho nada.
– Eso se sabe.
– ¿Sí? – y asiento– ¿Te lo han dicho muchas veces acaso?– Y me callo. No. No me lo ha dicho nadie, de verdad al menos. Pero no me duele, si acaso me molesta que él me haya intentado joder con eso y como sabe que no está bien lo que ha hecho, me coge del brazo y me hace arrastrarme hacia él.
– Lo siento…– me dice.
– Dame los veinte euros. Luego te los doy– y hago ademan de salir, pero me retiene, sin permitirme mover un pelo y me vuelve a mirar a los ojos.– Dilo…– Pero nada, solo me mira serio, muy cerca, luchando con el verde de mis ojos.
– Te…– Y lo dice despacio, susurrando, sacándome de quicio.
– Dilo, venga. No te atreves…– y sonrío.
– Te odio…– Y yo me río, sabiendo que no es eso lo que quiere decir, pero lo dice porque le presiono. Lo sé, y él sabe que yo lo sé, pero sonríe de igual forma, feliz, estúpido del todo.– Te odio, ¿era eso lo que quieres escuchar?– Y ahora me toca a mí. No, no quiero escuchar eso.
– Quiero escuchar lo que me quieras decir.
– Bien, pues entonces te odio. Ahora es eso lo único que quiero decirte…
– ¿Mucho?
– Mucho.
– ¿Mucho, mucho?
– Mucho, mucho… mucho– y me besa. Y después, yo estoy abajo y él arriba, muy cerca de mí, mucho, demasiado.
– Eres un gilipollas– le digo sonriendo.
– Sí, pero follo de puta madre…
No hay comentarios:
Publicar un comentario